
Bàrbara Mestanza vuelve con Sucia, un relato desgarrador sobre el abuso sexual
A partir del 29 de enero, Mestanza recupera este relato que parte de su propia experiencia para denunciar los abusos sexuales, desde un punto de vista rompedor
Tras su éxito en el Teatro Akademia y en Madrid, la obra vuelve a la cartelera con la propia Mestanza como protagonista junto a Pep Ambrós y Cristian Valencia, que se combinarán en el rol masculino
A lo largo de las diez funciones en el teatro del Espai Texas se realizarán diversas conversaciones postfunción con expertas en temas como el consentimiento, los derechos sexuales o la legislación feminista

En España, todos los días se registran 14 denuncias por violación y 55 denuncias por agresión sexual. Sucia, la obra de teatro que podrá verse en el Espacio Texas del 29 de enero al 9 de febrero, emerge como una propuesta valiente y necesaria para visibilizar esta realidad. Creada por Bárbara Mestanza, dramaturga, directora y actriz, la obra no sólo trata la experiencia personal de la víctima, sino que también reflexiona sobre cómo la sociedad responde ante estos abusos. En un momento en que el abuso sexual es una problemática que afecta a tantas personas, Sucia cuestiona la reacción de la sociedad y, especialmente, la pregunta que a menudo se lanza a las víctimas: «¿Por qué no hiciste nada?»
Un testigo valiente y necesario
Mestanza, que comparte el escenario con el actor Pep Ambròs (o Cristian Valencia, en algunas funciones) narra en primera persona la agresión sexual que sufrió hace unos años en un local de masajes en el barrio de La Latina, en Madrid. Pero más allá de su historia personal, la obra tiene como objetivo exponer el abuso como estructura sistémica. “Quiero mostrar la realidad de una persona abusada por dejar de suponer una palabra, un número o un porcentaje con el que jugar en debates políticos”, denuncia Mestanza, creando una narrativa que pone de relieve el profundo impacto social y emocional del abuso sexual.
Una de las características destacadas de Sucia es la forma en que se rompen los roles tradicionales, poniendo a un hombre, interpretado por Pep Ambròs (o Cristian Valencia), en el lugar de la víctima. Esta inversión de roles busca ofrecer una perspectiva diferente y permitir a los espectadores reflexionar sobre la realidad de las mujeres en el contexto de las agresiones sexuales. “¿Qué pasaría si un día uno de vosotros pudiera oír en su carne, piel y uñas lo que vivimos las mujeres desde el día que nacimos?”, se pregunta la protagonista en uno de los momentos más poderosos de la obra.
Para Ambròs, Sucia trasciende la parte artística y se convierte en una obra que puede actuar como un espejo para aquellas personas que han sufrido una situación similar. Pese a la intensidad emocional, el actor subraya que la pieza no es fácil de interpretar, ya que comienza con un monólogo suyo de media hora, y después debe asumir entre ocho y diez personajes diferentes a lo largo de la representación.




Sanar el dolor a través del arte
La escenografía también desempeña un papel crucial en Sucia. Mestanza ha creado un espacio visual que simboliza el cinismo y la reacción social frente al trauma. La alfombra que se presenta es una metáfora del lugar en el que enterró su experiencia, un espacio de silencio y negación, pero también de resistencia. El color rosa, utilizado en muchas culturas para esconder o maquillar la realidad femenina, representa para Mestanza la opresión y el silencio impuesto a las mujeres.
En una de las conversaciones más reveladoras de su creación, la actriz relata cómo un homeópata le habló sobre el proceso de formación de las perlas, en el que las ostras, al ser heridas una y otra vez por el agua salada, en puesto de curarse, acaban creando una perla. Esta imagen metafórica resuena profundamente en Mestanza, que ve en Sucia su propia “perla” surgida de la herida: una obra que convierte el dolor en una pieza valiosa y reveladora.
Sucia no sólo es un llamamiento a la reflexión sobre el maltrato sexual y la respuesta social ante estas agresiones, sino también una propuesta teatral que invita a repensar nuestro sistema y actitudes hacia las víctimas. Una obra cruda y emotiva que busca no sólo sensibilizar, sino también transformar la forma en que vemos y abordamos estas violencias.


